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martes, 30 de diciembre de 2014

*Nota de autora*

HOOLAAAAAAAAAAAAAAA, os he tenido algo abandonados lo sé y perdón, intentaré subir más de seguido, he echo cambios para que la novela dure más, porque me resultaba corta,
¿Qué os ha parecido este capítulo?
¿Lo arreglaran Nina y Edgar?
¿Y con Carla?
¿Qué pensáis?
Me podéis dar opiniones, ideas, o me podéis decir el día de la semana que queráis que suba páginas o un horario, o lo que queráis dejando un comentario aquí, o twitter, wattpadd, ask o donde queráis también:
twitter->@ISNINNA_BITCHES// https://twitter.com/IsNinna_Bitches
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Subiré más últimamente, un beso muy grande a todos y feliz año nuevo adelantado.
SOIS MUY GRANDESSSS.

Página 167.

—¿Sabes que él está ahora fallándose a otra? —Me cambió la cara, él sabía que eso me había dolido—Nina me he pasado…Perdón—Me levanté y me fui alejando de él. El vino tras mí. —Nina, joder perdón.
—¿Para eso me querías traer aquí Diego? ¿Enserio? ¿Solo para ver si colaba y acababas el puente follando? Déjame, joder, por un momento pensé, pensé, que me querías ayudar.
—Y eso quiero…perdóname.
—Yo no tengo nada que perdonarte. Absolutamente nada, porque tú y yo no somos, ni nunca hemos sido nada, así que ahora por favor vete. —Bajé del acantilado y me fui a casa sin hacer mucho caso a la fiesta. Había sido un día muy largo, y lo único que quería era dormir y que todo el mundo me dejase en paz.
De un día a otro había perdido todo lo que era importante para mí.
Adiós Edgar.
Adiós Diego.
Adiós Carla.
Adiós Ulisse.


Página 166.

—Bien…sacaré temas yo. ¿Por qué se enfadó Edgar?
—Porque te besé. Yo pensaba que eras él.
—¿Y no te creyó, verdad?
—No.
—Seguro que mañana se arreglan las cosas…de verdad…
—No es solo eso Diego, joder. —Lo estaba pagando con él. — Mi mejor amiga andaba tirándose a mi hermano en la playa. Es desconcertante, créeme.
—Vaya noche…
—Sí, lo sé. —Me tumbé en la hierba y miré al cielo, a las estrellas, a la mano de Diego que se había tumbado a mi lado y no llegué a ninguna conclusión. Saqué un cigarrillo y se lo ofrecí, cogió uno, encendí el mío y le pasé el mechero.
Me cogió de la mano—Nina, yo siempre estaré ahí.
Le abracé —¿Sabes que todas quieren algo contigo? Me han pedido que te traiga cuando salgamos.

—Digamos que yo sólo quiero algo contigo.
Le miré raro —¿Te gusto?
—Sí.
—Pues has apostado por la chica equivocada.
—¿Tú crees?
—Sí. — Se acercó a mí, y me besó, me aparté. —Diego, no, tú vas mal, yo voy mal.
—Tú siempre huyendo de mí—Se levantó.
—No es eso. No puedes pedirme que me lie contigo después de que lo acabo de dejar con él.

Página 165.

—No te puedes imaginar lo que ha pasado…—me cortó.
—¿Tú te crees que soy gilipollas?
—¿Qué?
—Que te he visto chica, te he visto besándole.
Dios mío…era lo que me faltaba—Te va a parecer una gilipollez pero creía que eras tú…
—Mira Nina se acabó.
—Pero... Edgar…—Se marchó antes de que pudiese terminar la frase. Literalmente, me temblaban las piernas. Diego se acercó a mí.
—Lo he visto todo…
—No comentes…—Me estaba entrando dolor de cabeza y tenía un frío tremendo.
—Puedo proponerte algo bastante estúpido.
—Di.
—Vayamos al acantilado.
Miré hacía un lado y Edgar ya andaba bailando y tocándole el culo a otra. Creo que era mejor que quedarme ahí, porque al final me quedaría temblando y llorando, llorando no sé si de pena, o de rabia, por todo, absolutamente todo lo que había ocurrido aquella noche. Me dirigí a salir de la aglomeración y él me siguió, ir al acantilado, viendo que era tan de noche no entraba en la cabeza de nadie, pero tampoco necesitaba que nadie comprendiese lo que hacía o no.
Subimos en silencio y llegamos al borde, desde allí se veía toda la fiesta aunque estuviese bastante lejos.
—¿Quieres hablar? — Me propuso.

—Puede ser…

Página 164.

Diego bailaba increíblemente bien, tenía algo que  no había visto en ningún chico y hasta me costó seguirle el ritmo. Todas las chicas le miraban y más de una la entraba para que bailase con ella así que decidí quitarme de ahí y dejarle bailando con todas esas.
Decidí que lo que tocaba ahora era buscar a mi hermano y regañarle por todo lo que había echo con Cleo y Rebecca en el fin de semana. Fui a su grupo de amigos.
—¿Sabéis dónde está Ulisse?
—No, nena, pero si quieres vamos tú y yo a hacer lo que tengas pensado con él —Toma ficha.
—Quita gilipollas. —Me aparté.
—Estrecha—Gritó mientras me iba —Tampoco estabas tan buena— Le saqué el dedo y fui a buscar suerte en otro sitio.
Encontré al mejor amigo de mi hermano —¿Sabes dónde está? —Ya sabía a quién me refería.
—Nina, ya he visto lo que te ha dicho el gilipollas de Alberto, no le hagas mucho caso.
—Descuida, no le di importancia.
—Dame dos besos, ¿no? — Se los di— Hace mucho que no te veía.
—Ya sé…no vas por casa ni nada
—Sobre lo de tu hermano, busca en la playa, ya te imaginas lo que estará haciendo.
Puse cara de asco. —De todas formas gracias, a ver si nos vemos más. —Fui cordial y me despedí.
Ese sería el castigo para mi hermano, cortarle el royo con la putita que se hubiese buscado para esta noche. Me quité los tacones y bajé a la playa. Fui buscando a mi hermano entre pareja y pareja. Y creedme preferiría no haber visto eso.
No daba crédito. Mi hermano. Con mi mejor amiga.
—Carla—chillé. Me miró. Se subió las bragas y apartó a mi hermano. Vino detrás de mí.

—Nina— Por favor espera. No me lo podía creer ¿Esto era una mejor amiga? No hice caso a lo que me dijo y aceleré el paso hacia la muchedumbre. No quería saber nada de ella. Ni de mi hermano. Era increíble, que ella como mejor amiga se hubiese follado a mi hermano. Y que mi hermano, como hermano, se hubiese follado a mi mejor amiga. Esto era sobrenatural. Estaba enfadada, muy enfadada. Más que nunca. Fui empujando a cada persona que se me ponía en medio hasta llegar a Edgar.

Página 163.

Bebí de la copa y pasé de hablar más de ese tema, alguien me abrazó por la espalda, era un chico, creyendo que era Edgar me giré y fui directo a besarle. Pero esos labios no me resultaban familiares. Abrí los ojos. Dios mío era Diego. Todas se quedaron con la misma cara que yo, y Diego miraba a sus amigos.
—Lo siento, enserio, creía que eras Edgar.
—Si bueno supongo— le salió una risita nerviosa, que me contagió. —Cambiando de tema, ¿Cómo estás no? — aún me sentía incomoda— Si yo fuese Edgar te daría un buen repasito—Eso me puso aún más nerviosa. Le pegué un puñetazo en el pecho. Debe ser que me pasé de fuerza porque casi se queda sin respiración.
—¿Diego? O sea lo siento, otra vez
—He pillado la indirecta.
—No enserio, me he pasado, eres algo así como mi mejor amigo— confesé.
—Ven, te presentaré a mis amigos— dejó pasar el puñetazo.
—Y esta es Nina. —Fui saludando a cada uno con desgana.
—¿La chica de la que nos has hablado?
—Cállate Sergio— Le advirtió Diego enfadado.
—¿Es verdad o no? —Preguntó a los demás chicos— Que si Nina hace tal, que si Nina hace cual…— me sonrojé.
Diego apartó a su amigo y me llevo a otro lado.
—¿Nos sentamos? —propuse
—Claro. —Fuimos al banco y me contó sobre lo que había echo el puente, me invitó a un par de copas. —Bueno, ¿te crees capaz de bailar con tu mejor amigo? — Se levantó.

Sonreí—Te voy a machacar—

Página 162.

—No es para tanto.
—Si lo es.
—No digas tonterías. —Se acercó a besarme—Te voy a manchar de pintalabios.
Se quedó pensativo— Un hombre tiene que aceptar ciertos riesgos en un momento de su vida. — Me enseñó su antebrazo y sacó musculo para hacerse el fuerte.
—Ya veo tus riesgos— me reí sinceramente y le besé. Y así es, le deje los labios perdidos.
Durante el camino le conté lo que mis hermanas habían hecho y lo bien que me lo había pasado recogiendo todo. Cuando llegamos eso estaba a reventar. Música, playa,  chicos, sexo, bebidas, tabaco, drogas, amigas, y mucha guarra suelta. Había venido gente de más pueblos sólo para esta fiesta. Santo dios, a mi hermano le debió costar prepararla.
Me junté con las chicas y Edgar se alejó un poco para contarles a sus amigos el puente que había pasado en Poveglia.
Se acercó Kim y me señaló a Edgar—¿Sabes qué está haciendo ahora mismo? Contar que ha follado contigo para hacerse el machote y que los demás le aplaudan. Y créeme, no escaseará en detalles con ellos, puede hasta que se invente cosas sólo para quedar bien ante ellos.
—¿Tu crees? — me preocupé un poco.

—Está claro, es lo que hacen todos los chicos.

Página 161.

Abrí, estaban calladas —Lo que habéis hecho está muy mal…—Las miré y las toqué el pelo. —Escuchad, vuestra hermana está muy enfadada, y lo más probable es que os deje sin cenar así que quiero que escondáis esto y cuando tengáis hambre, os lo coméis ¿sí? —Asintieron.
—¿Hoy te vas? — Dijo Rebecca.
—Me temo que sí, pero volveré. —Sonó la puerta. Abrí. Eran Abigail y su novia di un abrazo breve a las dos y subimos a la planta de arriba. La novia de Abigail, Alba, me planchó bien el pelo, me pintó y eligió un vestido para mí.
—Estás divina.
—Por dios Alba no vayamos a poner celosa a Abigail— Reí. —¿Por qué no vais?
—Es el mismo rollo de siempre, no se me ha perdido nada por allí.
—Pero echo de menos que salgamos todas, y tú siempre estabas ahí, con nosotras, venga Abigail.
—A la próxima iré, lo prometo. Por cierto, usa pintalabios rojo, te irá bien con el color de tu pelo, nosotras nos vamos.
—¿Y tú eras a la que se la “daban mal estas tonterías”? —Me burlé. Las acompañé a la puerta y las despedí igual que las salude. Llamé a Edgar. —Ya puedes venir—
—Has tardado más de una hora y media.
—¿Vienes o no? —le corté.
—Que sí, borde.

Me fui pintando los labios y arreglando los últimos detalles hasta que vino. Salí. Me miró el culo. Sonreí. Me cogió de la mano y me hizo girar sobre mí misma para ver todo mi cuerpo de arriba abajo. Silbó.

Página 160.

—Tengo una emergencia.
—Nina, ¿qué pasa? ¿estás bien?
—Necesito que me maquilles— me reí.
—Te odio, me habías preocupado. ¿Esa es tu emergencia? ¿Qué te maquille?
—Sí. —volví a reír.
—Sabes que a aparte de ser lesbiana, estas cosas…de pinturas y vestir y eso nunca se me han dado bien.
—Por favor. —Rogué. Muy atípico en mí.
—Aunque mi novia de estas tonterías sí que sabe mucho
—Tráetela. Te espero en mi casa.
—En las que me metes…
—Sabes que eres mi lesbiana preferida— la hice la pelota.
—¿Qué pasa Nina? ¿Te gusto?
—No, sólo me pones—Reí.
—Anda adiós idiota ahora nos vemos
—Abigail.
—¿Qué? Pesada.
—Te quiero.
—Y yo. —Colgó. Fui abajo y allí estaba Agata.
—¿Se puede saber qué coño le ha pasado al salón?
—Pregúntaselo a Cleo y Rebecca, están en su habitación. Lo he intentado arreglar un poco pero se ve que lo de la pared es siniestro total.
—¿Pero las has castigado?
—No, pero creo que ya saben que lo han hecho mal.
—Pues no Nina, tendrías que haberlas castigado.

—Claro la única que hace aquí mal las cosas soy yo, ¿no? —Me fui del salón  y me dirigí a la cocina a coger comida, entré en el cuarto de Cleo y Rebecca y cerré de un portazo para que se notase que estaba enfadada. 

Página 159.

   ¿Qué habéis hecho? —Dije enfadada. Fue a moverla, sabía que estaba despierta. Miré a Cleo.
   Ha sido culpa de Ulisse, nos ha dejado estar hasta tarde y comer lo que quisiéramos— Replicó Rebecca.
   No señorita, que te deje comer espaghettis, no tiene nada que ver con que los peguéis en las paredes.
Miraron las dos al suelo —Lo sentimos. — Habló Rebecca.
—Iros a vestir por dios. —Subí toda mi ropa a mi habitación puse a cargar el móvil y bajé a limpiar todo ese desastre. Me hice un moño. —Bien, ¿por dónde empiezo? — Recogí las cosas que había pegadas en la pared e intente quitar las manchas pero no salían, coloqué el sofá, limpié las cubiertos de la cocina, las mesas, barrí y escuché a mi teléfono sonar. Subí las escaleras de dos en dos. Ya estaba cargado por completo, no pude ni ver el nombre de quién me llamaba en la pantalla. Lo cogí precipitadamente  —¿Quién?
—Yo ¿estás preparada?— Era Edgar.
—¿Cómo? ¿ya? — Miré el reloj, había pasado casi tres horas limpiando.
Intente recuperar la respiración—No, ya no, he tenido que hacer mil cosas.
—¿Eso que quiere decir? —Este hombre no pillaba ni una.
—Que no estoy preparada Edgar, que necesito tiempo.
—¿Cuánto?
—Una hora y media.
—¿Qué? ¿Estás loca?

—Yo también te quiero. —Le colgué. Me solté el moño fui directa a la ducha, me lavé el pelo, me eché crema, me depilé, me sequé el pelo, me lo planché. Cogí el móvil y busqué rápido el número de Abigail. Sabía que sería la única que no iría a la fiesta. 

Página 158.

Subí de nuevo a la moto— Por favor, no me digas que he roto muchas cosas. — Ahora era él el que estaba enfadado— ¿Sabes? Ya te he perdonado— Intenté arreglarlo. Le sonreí y le besé. Dejó de estar enfadado.
—Prométeme que te mantendrás viva por lo menos hasta que lleguemos a tú casa.
 —Lo intentaré— Reí.
Durante todo el viaje me mantuve con un dolor de cabeza terrible, por lo tanto también estaba mareada, sólo que no quería confesárselo. Llegamos a la puerta de mi casa y tropecé al bajarme de la moto. —No has cumplido la promesa, te has caído antes de llegar a tu casa. — Se rio de mí.
Puse los ojos en blanco, bajé mis cosas y abrí la puerta de casa. —Morena— gritó desde la moto. Me giré— Esta noche hay una fiesta, la ha organizado tu hermano, es en la playa ¿paso a recogerte esta noche?
—¿Qué? ¿Qué mi hermano a organizado qué?
—Una fiesta— repitió extrañado.
   ¿Y mis hermanas? —Me dispuse a girar la llave la última vez para poder entrar.
   Espera, ¿entonces vas?
   Por su puesto que voy, le tendré que decir un par de cosas a mi hermano.
   Luego te llamo. — No le contesté.

Oí como arrancaba la moto y entré en mi casa. La casa estaba echa una basura. Cleo y Rebecca estaban en bragas saltando en el sofá mientras cantaban, mientras las paredes estaban llenas de pinturas infantiles y espaghettis con tomate . La cocina estaba echa un desastre y no quería imaginarme como estaba la parte de arriba. Cuando me vieron entrar Rebecca se sentó en el sofá rápido y se hizo la dormida. 

Página 157.

Le quité las llaves de la mano con fuerza. ¿Qué se creía? ¿Qué yo no podía conducir una moto? ¿Por qué? ¿Era el acaso mejor que yo? Aceleré. El volante me iba de un lado a otro y la moto no hacía más que “S” sin querer giré la muñeca más y eso hizo que acelerase la moto. Miré al frente. Intenté frenar. Al frenar patiné y caí sobre un bordillo. Me di un golpe en la cabeza. Me quedé en el suelo. Todo se veía borroso.
Edgar vino corriendo a por mí y quito la moto de encima mía.
   Nina, Nina, ¿estás bien? Mírame.
   Claro que sí idiota. — Intenté levantarme y me mareé, volví a caer al suelo.
Carla vino y puso mi cabeza sobre sus piernas—Trae agua— ordenó a Hugo. —Rápido, joder. — le gritó.

—Creo que ya estoy preparada para volver a intentarlo. —Intenté incorporarme. Y me volvió a tumbar.
—Por el amor de dios Nina , ¿Quieres matarte?
Me reí— Sí.
—No me hace ni puta gracia. —Estaba preocupada. Edgar me cogió y me llevo hasta la sombra mientras Carla me ponía una camiseta mojada en la frente.
—Eres tan cabezota— Se resignaba a decir Edgar.
Pasaron al menos 20 minutos hasta que me dejaron levantarme de nuevo. Me sentía patética.
—Por esta vez conducirás tú— dije a Edgar.
Me sonrió— No soportaría que te hubiese pasado algo.
Me eché agua en la cara —Bueno, ¿nos vamos ya o vamos a pasar el día en un aparcamiento?
—Mira que eres borde— Me sonrió Carla.
—Hugo…—se giró— Mmm… gracias— dije tímida.

—No hay de qué— sonrió.

Página 156.

Sobre la una ya estábamos en el centro de Venecia. Esta vez Carla iba en la moto de uno de los chicos que conoció en la isla, así que no estaría sola. Me subí a la moto de Edgar a regañadientes, aún estaba enfadada. Durante el viaje fuponiendo caretos con Carla y haciendo señas de moto en moto. Hasta que paramos en una gasolinera. Bajé del asiento y me dispuse a ir donde estaba Carla pero Edgar me frenó.
—Nina, espera ¿Cuándo dejarás de estar enfadada?
—No lo sé. ¿No puedes ni comportarte ni un día? La noche de ayer al menos para mí fue importante, no como tú que te habrás follado  ¿a cuantas? ¿cinco tal vez? —agachó la cabeza— ¿Más? ¿Enserio Edgar? ¿Diez? ¿Sabes qué? No me contestes porque si te soy sincera prefiero no saber la respuesta.
Se echó el pelo para atrás, y cuando me iba a dar media vuelta dijo —¿Puedo hacer algo? — Terminé de dar la vuelta. Carla y Hugo habían escuchado toda la pelea. Miré a Carla y abrió bastante los ojos. Me quedé girada unos instantes. Sonreí. —Bien, déjame la moto.
—¿Estás loca? — me giré y le miré mal— Vale— se resignó— Pero solo en el aparcamiento.
Cogí las llaves —Dime cómo funciona esto—
—¿Qué? ¿Ni si quiera has conducido nunca una moto? — Se quedó incrédulo.
—No. — Dije con sinceridad.

Temía por su moto, y era lógico dejándola en mis manos. Me dio unas pequeñas clases en las que no presté atención.
Cuando se bajó, me dispuse a subir —Ten cuidado por favor.

Página 155.

Miró hacía otra dirección y tensó la mandíbula. Volvió a mirarme —Yo…Nina…
—Déjame. —Fui a sentarme cerca de Sara y cambié de actitud ante ella. —Sarita. — la pasé mi brazo por sus hombros y la di un pequeño achuchón.
—Mira quién se acuerda de mí.
Reí —No seas tonta. Te he echado de menos.
Cambió la cara y me sonrió —Necesito que saques tiempo para mí.
—Cuéntame. — me dispuse a escuchar mientras sacaba un cigarrillo.
—Calpurnia, y yo, y básicamente todas hemos llegado a la conclusión de que necesitamos a un Diego en nuestra vida, y tú como buena amiga— Me hizo la pelota. — Podrías decirle que se viniese de vez en cuando con nosotras.

Me reí —Con de vez en cuando es todos los días, ¿no? — di una calada.
—Cómo me conoces.
—No hay problema, veré que puedo hacer— La miré. — Muchacha con las hormonas desenfrenadas.
—¿Me acabas de llamar desesperada con sutileza?

—De vez en cuando— cogió el juego en el momento. Reímos.

Pagina 154.

—¿Te picas Nina? — Me correspondió con otro más complicado.
—¿ Y tú Carla? — Empecé con la cadera.
—Contigo siempre. —Mostró una sonrisa.
                                         —o—
Terminamos, con una clara victoria por mi parte. —Préstame el altavoz que tengo que levantar a ese inútil— Señalé a mi tienda.
—Con una condición.
   Tú y tus putas condiciones Carla.
  Quiero la revancha — Sonrió.
   Que sí. —Alargué la última sílaba
   ¿Y qué es eso de puta, bicho?
   Si sabes que te quiero, pedazo de puta. — me puse de puntillas y la di un beso en la mejilla.
Fui a la tienda con el altavoz y con el máximo volumen.
—Despierta imbécil— le tiré de la manta, y le di patadas en las piernas.
Farfulló —He visto despertares mejores— bostezó. Le puse mi infalible mirada asesina y salí de la tienda, ayudé a recoger y al cabo de unos minutos salió de la tienda sin camiseta a buscarme.
Se dispuso a darme un beso en los labios. Le aparté. —Quita.—
—¿ Qué demonios te pasa?
—Nada, solo creía que tenía un novio menos gilipollas. Solo eso.
Su rostro cambió de expresión. Le había dolido. Me sentí algo mal pero me mantuve dura y le miré a los ojos. Recuperó la compostura. —¿Por qué?

—¿Sabes que ayer te tuve que llevar a rastras a la cama porque estabas borracho como una cuba?

Capítulo doce. Combate cuerpo a cuerpo. Página 153.

Combate cuerpo a cuerpo

Desperté algo aturdida y con sequedad en la boca, abrí un ojo, el ambiente olía a alcohol destilado. Me aclaré los ojos con las manos y vi de donde procedía ese olor. Edgar. Babeaba y roncaba y volvía a babear, y aun así, me parecía hermoso. Nina estás loca, me aseguré a mi misma, me llevé la mano a la frente y me coloqué como pude el pelo, le arropé bien y me dispuse a salir de la tienda.
Todo estaba ajetreado, las chicas iban de un lugar a otro asegurándose de eliminar pistas que nos pudiesen meter en un lío. Me estiré y miré al cielo. Dios mío, ¿Dos días de sol seguidos? Esto era para recordar. Carla hizo que se me acabase la paz cuando se subió a mi espalda de un salto.
—Pequeña dormilona— Me miró negando y chasqueando la lengua.
—No me hables de dormir, he dormido fatal.
   ¿Y eso? ¿Edgar no tenía fuerzas para un segundo asalto? Este chico no aguanta nada, no me gusta para ti, así nunca vas a tener un orgasmo— Se rio.
   No, imbécil— la di un puñetazo leve en el hombro. — Al revés, no ha parado de moverse en toda la noche.
   No te creo— me miró fijamente.
   Menuda mejor amiga— reí.
   Esta mejor amiga te machaca bailando— me retó.
   Nena, nací para bailar.

Sacó móvil y altavoz y puso la canción de Taylor Swift  “Blank Space”. Agitó los hombros y movió el torso. —Venga— me ofreció su mano. La correspondí con un juego de pies lo suficientemente rápido como para que no me pudiese seguir.

domingo, 26 de octubre de 2014

Lista de reproducción;

Número 1 Angus y Julia Stone- Devil's Tears.
Número 2 Robert Pattinson- Let me sign.
Número  3 James Blunt- You're beautiful.
Número 4Sleeping with sirens- cover "Iris" by The goo goo dolls.

Número 5⇉Big jet plane- Angus y Julia Stone.

Número6⇉Bastille- Oblivion .

Número7⇉ ⇉ Jasmine Thompson (cover) - Not about angels.

Número8⇉ Jasmine Thompson (cover) - Stay with me

Número9⇉ Lana del Rey- Ultraviolence. 

Número10⇉ Lana del Rey- Ride.

Número11⇉ Lana del Rey- Old Money.

Número12⇉ The pretty reckless- You. 

Número13⇉ The pretty reckless- Burn. 

Número14⇉ Birdy- Shelter.

Número15 Bastille- The drawn.

Número16⇉ One Republic- What you wanted (Acoustic version).

Número17⇉ Jasmine Thompson- Run.

Número18 Mr Probz- Waves.

Número19⇉ Twilight-  "The lion fell in love with the lamb".

Número20⇉ Bruno Mars- When I was your man.

jueves, 31 de julio de 2014

Imagen visual.

Bueno, hoy os traigo algo diferente, me apetecía mostraros un poco como es el entorno, hoy he elegido una foto del río.



La foto ha sido editada por; Celia Villar.
Su instagram: Celia_villar
Mi instagram: Nina_and_drugs

jueves, 10 de julio de 2014

Página 152.

Cuando llegué Edgar era el único que quedaba y el fuego estaba medio apagado.
Me miró—¿Has visto que bonitas son las estrellas?—dio una calada al cigarrillo.
—Edgar, cielo, estás borracho, anda, vamos a dormir que he madrugado—tiré de él.
—No estoy borracho, solo estoy contentillo— Se rio solo.
—Ya veo ya—Le seguí la corriente.
Entramos en la tienda y dejé que se tumbara, busqué entre mi ropa algún pantalón largo. Empecé a quitarme la parte de abajo.
—¿Qué vas a hacerme ahora? ¿Un “stripsse”?
Decidí pasar de él y dedicarme a ponerme el otro pantalón. Si no echaba leña al fuego, él se quedaría dormido y me dejaría.
Mi plan obtuvo beneficio porque al darme la vuelta ya estaba babeando.
Me quité la chaqueta la doblé, levanté su cuello  e intenté que hiciese la acción de almohada. Le arropé e hice el mismo proceso conmigo.

Me quedé pensando, en lo que había sucedido, en cómo al final la que pensaba que iba a ser la peor noche de mi vida se convirtió en una de las diez mejores. Y por una noche, rozando cada parte de su cuerpo, me dejé dormir sonriendo. 

Página 151.

Me dirigí donde se situaba Carla y me la llevé a la fuerza a su tienda.
—Duerme tonta—La arropé.
—Pero quiero estar con Hugo, además, ¿mi mejor amiga acaba de perder la virginidad y esperas que duerma?
—Deja al estúpido chico ese a un lado, tienes sueño.
—Me estás cambiando de tema…
Puse los ojos en blanco y me rendí—¿De verdad se a escuchado mucho?
—No—rio a carcajadas. —Nos lo habíamos inventado—Me señaló con el dedo—Entonces es cierto, te lo has tirado, cuéntame, ¿la tiene grande?
La tapé la cara entera con la manta—Exijo los detalles, soy tu mejor amiga.
—Buenas noches Carla—La di un beso en la frente.
—Tú y yo tenemos una conversación pendiente. —chilló mientras abría la cremallera para salir de la tienda.
—Claro nena, como digas. —Salí por completo.

Empezaba a hacer frío, eso contando que llevaba unos jeans cortos y que ni aparentaba que los llevaba porque me había puesto una chaqueta que me los tapaba.

Página 150.

—No—se encogió de hombros— ¿A ti?
—Es mi mejor amiga, hemos compartido hasta los mocos, por supuesto que no. —Cogí un pedacito y me lo llevé a la boca. Estaba frío. Suculento.
Cuando volví a la fogata aun todas seguían despiertas. Soltaron comentarios como “Nina, me pone como gimes” e intentaron imitarme. Puse los ojos en blanco a todas y me senté encima de Edgar.
—Ui sí, la ha dejado agotada y se tiene que sentar. —Soltó Laura.
—Nena, ¿te duele el culo o habéis usado vaselina? —Eva se descojonaba mientras me hacía la pregunta. Las risas se sumaron y acabaron todas medio llorando. Busqué en el suelo algún tipo de objeto que les pudiera lanzar a la cabeza. Pero mi mala suerte me la volvió a jugar. Me acabé riendo hasta yo.
La noche estuvo bien cuando dejaron el tema. Mimos de Edgar por aquí y por allá, algo de comida basura, la risa de mi mejor amiga, un poco de alcohol y cigarrillos. Algunas ya empezaban a irse y vi como Carla bostezaba pero seguía intentando seguirle la corriente al tal Hugo.

—Ahora vuelvo—No esperaba que Edgar me respondiese. Estaba medio dormido. 

Página 149.

Edgar estaba tumbado de espaldas, si seguíamos por mucho tiempo así enfermaríamos, pero opté por disfrutar de ese pequeño placer que me había dado la vida. Conduje mi dedo por su espalda.
—Te quiero—Su voz sonó aterciopelada.
—¿Y qué me vas a decir tú a mí si me sé de memoria las constelaciones que forman los lunares de tu espalda? Debemos vestirnos, hace frío.
 —¿Y privarme de ti? —Empezó a bajar sus manos por mi cadera.
—Otra vez no. —Le aparté suavemente.
—¿Por qué? ¿Te he hecho daño? ¿No te ha gustado?
—No, sólo estoy cansada y eso para mí sería ir demasiado rápido.
—¿Se repetirá?
—Todas las veces que quieras, ahora vístete, vas a coger una pulmonía.
—Me temo que si me dejaras hacerte el amor todas las veces que quiero no saldrías de esta isla nunca—sonreí y le besé—Tú tampoco estás vestida—Me mordió el labio.
—Lo mío es diferente—le reté.
—¿ A sí?
—Yo doy igual pero tú no. — Le pasé la ropa pero antes cogí el sándwich.
—No digas idioteces, no quiero que se acabe este momento nunca ¿Por qué tanta prisa?

—No hay prisa, pero mira, haremos un trato, cuando nos terminemos el sándwich, nos iremos. —Empecé a desenvolverlo. Allí estaban los dos mordiscos de mi mejor amiga. Se lo acerqué a su cara —Uuu, babas de Carla—intenté poner voz de asco. Dio un mordisco exactamente dónde lo había dado Carla antes —¿No te da asco?

Página 148.

—Me refiero al que me enamoró de verdad.
Le sonreí tanteé con las manos hasta encontrar sus labios, los toqué. Eran suaves, finos, blandos, eran mi debilidad. Le atraje hasta mí y él me tiró cuidadosamente sobre la manta. Le besé. Seguramente ese había sido el mejor beso de la historia. Noté su mano en mi ombligo, me acarició el abdomen.
—¿Estás preparada? — Me susurró a la altura de mi mandíbula.
—Sí. —Esta vez lo tenía claro, lo estaba ¿Si no era con él con quién iba a ser? Paré de pensar y me dejé llevar.

                                                               *

Página 157.

Fui a ver qué pasaba. La tienda ya estaba montada. Miré a mi alrededor.
—¿Edgar? —No obtuve respuesta—¿Edgar? —Probé de nuevo.
Antes de que me diese cuenta tenía el corazón a mil por hora. Chillé —Eres imbécil, como me vuelvas a pegar un susto así te juro que—
Puso su dedo sobre mis labios —Shhh. Tengo una sorpresa.
Intenté tranquilizarme. Me toqué el pecho para saber si el corazón seguía ahí dentro. Contando que estaba en una isla alejada de la mano de dios, donde las leyendas hablaban exactamente de esto, de algo así como zombies tocándote la espalda en medio de la noche, lo veía normal.
Recuperé la compostura —¿Una sorpresa? ¿Dónde?
No me contestó en todo el camino, así que no me quedó otra que agarrarme de su mano y seguirla sin ver absolutamente nada e intentar no caerme. La única luz que había era la de la pantalla de su móvil.
Cuando llegamos reconocí esa manta al instante, era la que usamos cuando fuimos a la playa.
—Intento revivir nuestro primero beso. —Aclaró.

—Ese no fue nuestro primer beso. —Reí.

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No me hizo falta girarme para saber de quién se trataba—No Edgar, puedo sola— Pasó de lo que dije y se acercó a mí, me quitó las instrucciones  de la mano.
—Vete, anda. —Me dieron ganas de abofetearle, pero me controlé, a este paso si lo hacía yo se acabaría el poco tiempo de luz solar que quedaba y aún seguiría intentando juntar la primera varilla.
Fui al centro y me senté al lado de Carla, contemplé el fuego.
—Tú tampoco sabes montar la tienda, ¿eh?
—Definitivamente, no— La miré con aires de sarcasmo.
—Hugo la está montando. Supongo que si mi mejor amiga no fuese retrasada no tendría nada en común con ella.
Sonreí y posé mi cabeza en su hombro—¿Así se llama?
—Sí. —me tocó el pelo.
—Es muy guapo, buena presa—me reí.
—Soy una leona fuerte. — Puso su brazo para que pudiese ver sus músculos mientras se reía. Su risa me tranquilizaba mucho.
Poco a poco las demás fueron llegando hasta que estuvimos todos por completo. Edgar era el único que faltaba con lo cual me resulto totalmente extraño.

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incómodos, pero luego al pasar un rato, se fijarían en pequeños detalles que al fin y al cabo, no están tan mal. Me estaba comparando con una isla en la que habían muerto miles de personas, me aplaudí a mí misma por ser tan estúpida.
El día no fue tan duro como esperaba, los horas pasaron rápido, al final de la tarde incluso, algunas se atrevieron a meter los pies es el agua. Carla seguía hablando con uno de los chicos, estaba feliz por ella.
Abigail y yo nos limitamos a intentar hacer una pequeña fogata.
—Cómo nos vean aquí, sin licencia, y haciendo fuego se nos van a caer las bragas a todas.
—No te digo yo que no— me reí. Nos lo tomamos a broma y aun así al saber las consecuencias que eso podría acarrear continuamos haciéndola.
Formaron los grupos, y, por supuesto a mí me tocó dormir con Edgar. No era la primera vez que lo hacía pero aun así estaba algo nerviosa. Intenté distraerme montando la tienda de campaña, no entendía absolutamente nada de las instrucciones así que intenté hacerlo a mi manera.

—¿Te ayudo?

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La isla no era tan pequeña como me esperaba. Si me perdía allí las llevaba claras. Cobertura cero, además ¿A quién iba a llamar? ¿A Agata? ¿A mi abuela? A mi abuela la daría un paro cardíaco si supiese donde estoy ahora mismo. 
El sol no pegaba fuerte, al cabo de un rato ya se estaba empezando a nublar, “como llueva te mato” aseguramos una detrás de otra a Daira.
El hospital, o el centro de psicópatas o lo que coño fuese en su día estaba completamente en ruinas. Daira nos iba informando sobre leyendas según íbamos recorriendo la isla. Parecía la típica guía que te asesoran en un viaje, a la que la seguían un grupo de guiris, en ese caso yo, detrás de ella. Sólo me faltaba ser japonesa y tener una réflex colgada al cuello.
La voz de Daira me sonaba como un sonido remoto, no estaba pendiente, no hacía más que mirar a Carla, que andaba hablando y riéndose con uno de los tres chicos nuevos y escuchar las pocas palabras que decía Edgar, el “qué coñazo” se ganó la medalla de oro.
La isla tenía su belleza, escondida, pero la tenía, supongo que me identificaba con ella. A todos les daba miedo conocerme porque otros ya se habían encargado de juzgarme y esparcir por ahí sus versiones de mí, a la persona que se atreviese a tocarme le llamarían loco, sin duda, al principio se sentirían 

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—Acuérdate de respirar. —La aconsejé.
—Vamos Nina, ¿no es genial?
—No. —Fui franca.
Nada más llegar a la Isla nos topamos con un grupo de tres chicos que habían venido aquí por el mismo motivo que nosotras. No pusimos problemas en que se unieran a nosotras, total, si las leyendas eran ciertas y tendríamos que morir era mejor ponérselo fácil a los espíritus, zombies, o lo que coño estuviese aquí.
Carla se acercó a mí—Dame un chicle por dios.
Busqué entre mis bolsillos pero no encontré nada —Sólo tengo el de la boca ¿te vale? — se encogió de hombros y lo masticó sin dar ninguna señal de asco.
—Lo hago por si acaso, si se me acerca alguno de esos tres chicos “majetes” no quiero que el aliento me huela a vómito.— Con “majetes” se refería a que estaban buenísimos.
—Dios mío, vaya que si son “majetes”…
Edgar me dio un codazo—¿Hola? Sigo aquí.

Le mordí la oreja. —Sabes que te prefiero a ti, tonto. —Se le notaron los hoyuelos al sonreír.

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—¿Y esa cara?
—Creo que voy a vomi…— A penas pudo terminar la frase cuando yo ya estaba cogiéndola del pelo para que lo pudiese hacer con toda libertad.
—¿Mejor? — No sé los ojos que estaría poniendo pero seguro que mostraban preocupación.
—No sabes cuánto— Sonrió.
Me acerqué a Edgar y le pedí el sándwich. Lo sacó del bolsillo—Te dije que me lo agradecerías—sonrió de oreja a oreja. Puse los ojos en blanco mientras quitaba las servilletas.
 —Toma, te sentará bien. —Se lo ofrecí a Carla. A penas dio dos mordiscos y uno de ellos intentó que no viese como lo escupía. No iba a regañarla dada la situación.
Iba a tirar el sándwich cuando Edgar me lo quitó de las manos.
—Es comida, la comida no se tira. —Le miré raro y el sólo se dispuso a volver  a envolverlo y guardárselo.
El conductor se despidió y quedó en vernos mañana a la misma hora allí. Genial, no me apetecía nada estar aquí, si de día ese rollo me daba algo de miedo, no me quería imaginar de noche.

Cuando miré a Daira pensé que la iba a dar un infarto.